El primer caso

Javier Yuste González · Pontevedra 

El día de su cumpleaños lo juró por lo más sagrado y como un campeón. Que sí, que no miento, lo juró por su herencia. Cada cual jura por lo que más aprecio tiene y él… Todos sabemos cómo es él. Yo no me meto en asuntos ajenos y muchos menos con petardos como él, no soy quién. Pues se caló el birrete hasta las orejas y se enfrentó a la semana a su primer caso, con su propia capa, perdón, toga, brillante y nuevecita (no fuera a ver su discurso molestado por alguna chinche ajena). Defendió a aquel pobre diablo cuando la tinta del título aún no se había secado. Era un día de verano. Dejó a todos con la boca abierta en la sala. Yo entre ellos. Mirad lo bien que lo hizo que, hasta pasada una hora de Vista, ¡nadie se percató de que calzaba chanclas!

 

 

 

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