Ilustración: Juan Hervás


Buena jugada

Ferran Varela Navarro · Barcelona 

Ignacio Astorga, exitoso empresario y ávido jugador de ajedrez, había fallecido. Las excentricidades que le caracterizaban le convirtieron en mi peor rival en el tablero. Podríamos decir que su estrategia era poco ortodoxa. En una ocasión acudió a una partida con una chancla colgando de cada oreja para desconcertarme. En otra, gritó “¡Feliz cumpleaños!” tan fuerte que del susto tiré las fichas del tablero. No era mi cumpleaños. La última vez lanzó un petardo bajo la mesa antes de que yo realizase un movimiento crucial. Desde entonces jugábamos por carta. Y ahora se me presentaban un abogado y un notario diciendo que me había nombrado heredero, siempre y cuando moviese mi caballo a D-7 en nuestra partida inacabada. ¡Qué rastrero! Mi título de campeón no tiene precio. Lo moví a E-6. Entonces el notario me entregó una nota. Decía “Ni herencia, ni partida. Torre a D-3. Jaque mate”.

 

 

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