PRESUNTA INOCENTE

Sandra Fernández Cuadra · í£dena, Barcelona 

Ahí estaba ella, sentada con los codos apoyados en sus rodillas, la cabeza cabizbaja, los ojos llorosos…con un precioso vestido de seda azul y tacones de aguja. Su belleza hipnotizaba, se veía tan frágil que daba la sensación de total desamparo, por un momento me conmovió. Al otro lado de ese salón ecléctico, decorado con mal gusto y que yo tanto odiaba, una imagen devastadora, su esposo, tirado en el suelo, inerte, con el arma homicida clavada todavía en la espalda. Me acerqué a ella para evitar que declarara sin mi presencia, le recordé que todo iba a salir bien, que yo me haría cargo de su defensa, que no se preocupase por la tutela de Marcos, pronto volverían a estar juntos.
En la calle, la Guardia Civil apaciguaba a la muchedumbre que murmuraba teorías, haciendo conjeturas para explicar lo ocurrido…Todo estaba saliendo según lo previsto…

 

 

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