PARADOJAS DE LA VIDA

MARíA ELENA SANCHEZ ALVAREZ · MADRID 

Primero, fue el repelente niño de los Soriano quien con sus prácticas pianísticas me impedía estudiar, aún así acabé Derecho con sobresaliente. Lo peor vino después, éstos vendieron el piso a un matrimonio sin hijos, lo que me sugirió tranquilidad, mas no fue así. Los recién llegados, inagotables entusiastas de Camilo Sesto, bombardeaban mis oídos incesantemente, pero jamás tuve en mente la renuncia de mis sueños. Consideré denunciarles, conocía al dedillo los artículos 45 y 325, pero desistí. La oposición fue dura, lo sabía, combinaba la asistencia a clase con el estudio en casa, mis cálculos fueron precisos, un tema diario fue suficiente. Por fin llegó el día del examen, y para satisfacción mía cayeron los susodichos artículos, y no hace falta decir que lo bordé. Conseguí plaza, me hice fan de Camilo y siempre que puedo pongo al límite los decibelios, he montado un karaoke en mi sonado despacho.

 

 

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