LA MIRADA

Montserrat Domínguez Pascual · O ROSAL (PONTEVEDRA) 

Tenía la mirada perdida y sus ojos eran manantial incesante de lágrimas. Con la cabeza apoyada en sus manos ancianas, se balanceaba junto a la pared sobre sus zapatos de aguja sin levantar la mirada. Su estilo era ciertamente ecléctico, aunque elegante. Desahuciada de su último y tercer hogar hacía más de dos meses que deambulaba por las calles de la mano del desamparo y la indiferencia. Todos la miraban, pero sólo una persona la vio. Habló con el fiscal y este promovió su tutela civil. No recordaba su nombre, no recordaba quien fuera y, aún así, lloraba, esperando un juicio que le arrebataría para siempre lo que todavía conservaba de lo que un día fue. De pronto alzó la mirada, me miró y pude reconocerla, con su toga roída y sus zapatos de tacón, supe quien era; esa mujer era yo.

 

 

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