Excelencia

Ángel Cipriano Suardíaz Alfonso · Gijón 

Era sobrina de un personaje de la dictadura, ministro de Justicia. Cuando el régimen cayó, cruzó el mar con su familia y se estableció aquí. La conoció en la facultad de Derecho, aunque sus asistencias escaseaban. Se la presentó un amigo y charlaron sobre las clases. Demostró falta de interés por las asignaturas. Le preguntó por qué quería ser abogada: “Para hacerme rica, como mi tío”. Repitió algún curso, la perdió de vista. Quién sabe cómo, terminó. Se incorporó a un despacho. “Destaca en el cálculo de honorarios, sabe lo que quiere”, bromeaban los compañeros. Un día la pillaron en un asunto turbio. Presentó la renuncia y regresó a casa. Pasaron muchos años y su nombre se borró de las conversaciones. Reconoció su voz mientras desayunaba. Alzó la mirada. Un rostro recauchutado clama en el televisor contra los “jerarcas preconstitucionales” e invoca “decencia política”. Debajo, un rótulo: ministra de Justicia.

 

 

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