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laura pilato rodríguez 

El pronunciamiento del juez fue decepcionante: – La demanda se desestima por falta de pruebas- . Pero una abogada tenaz, como mi madre, no se rinde tan fácilmente.
Algo estaba pasando en el asilo, y además del abuelo, podría haber otros ancianos afectados. Moretones injustificados, continuas fracturas con la excusa de resbalones en un día lluvioso, mirada timorata en presencia de los cuidadores… Él guardaba silencio, así que ella iba a averiguar lo que estaba ocurriendo.
Se tuvo que inscribir como voluntaria de acompañamiento, pidió vacaciones en el despacho, y se camufló bajo una peluca, unas enormes gafas y un llamativo vestido de flores. Estaba irreconocible, pero aquella ridícula indumentaria no mermaba su coraje.
Se encaminó hacia el asilo diciendo – Si el juez quiere pruebas, las tendrá.
Y allí descubrió las nefastas consecuencias de las clases de Zumba para la osamenta de un octogenario.

 

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