Mañana será otro día

Jesús Urbano Sojo · Silla (Valencia) 

El sueño se repetía cada noche. Tras escuchar el veredicto, por supuesto estando desnudo delante del tribunal, era condenado. Luego despertaba y descubría que aquello ya había sucedido. La cárcel era un lugar donde las pesadillas acechaban en cada esquina, un laberinto para la mente, un yacimiento de malos presentimientos en el que debías mantenerte cuerdo o… morir. Por la mañana, algo de ejercicio en el patio, alguna triquiñuela con algún compañero para conseguir cigarrillos y, después, de vuelta a la celda. Así, un día tras otro, a la espera del juicio. «Esto es un infierno». Solía decirse. «Yo era abogado, ¡¨cómo he llegado hasta aquí?» Y entonces cerraba los ojos.

 

 

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