Laberintos

Aloysius Pentecost Omega · Barcelona 

Las razones de la compañía para exculparse del desastre, achacándolo a la negligencia de los propios mineros, no son más que triquiñuelas desleales. En realidad, fue el laberinto de aquélla mina lo que desencaminó sus pasos. Temblaron los muros de las galerías, se vieron forzados a vagar sin luz, hacia el fondo de los túneles, hasta quedarse sin el recuerdo del aire, rendidos sobre las vetas de oro, acurrucados. Ahora, desde el hueco oscuro que forman tus brazos, escucho la respiración ahogada de esos expedientes sobre mi mesa, los ventiladores inmóviles del juzgado, los portones cerrados. En tu regazo intento descansar, sueño esperando el veredicto, sueño contigo, pero también con aquellos banqueros de Gold & Co. que señalaban su yacimiento sobre un mapa deslumbrados con los cuerpos de las jóvenes viudas. Y, sobre todo, desde aquí dentro, sueño con picos y barrenos con los que demoler todas esas sociedades anónimas.

 

 

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