El arqueólogo

Carlos ALberto Green · Caracas (Venezuela) 

En la superficie el calor era intolerable, sin embargo, al descender por aquél laberinto, que con suerte lo llevaría al más grande de los yacimientos arqueológicos jamás visto, la temperatura se tornaba asfixiante. Sus músculos saltaban de la excitación que le provocaba el posible hallazgo, al pánico de ser acusado de profanador de tumbas. La ropa empapada del sudor, que se hacía más y más profuso, la falta de aire, la oscuridad, solo invadida por aquella linterna, comenzó a minar sus fuerzas. No estaba seguro si estaba avanzando o regresando, se sentía sumergido en un profundo sueño y por más que intentaba concentrarse, su mente hacía todo tipo de triquiñuelas para mantenerlo en aquel limbo. El bastón de goma golpeó los barrotes y lo arrancó de aquellas profundidades oscuras y húmedas, para anunciarle la visita del abogado, con quién intentarían apelar aquel veredicto.

 

 

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