Amores des-medidos

Raquel Lozano Calleja · Palencia 

El laberinto que dibujaron sus manos al ayudarle a ponerse la toga le hizo sentir un brinco adolescente en su corazón, una triquiñuela en su pecho, que ansiaba salir desbocado. El yacimiento de jade que albergaban sus ojos, la suavidad de sus manos al retirarle el pelo por encima de aquel manto azabache, le hicieron sentir que surcaba un dulce sueño. Cerró los ojos para sentirse mecida por su voz, sintió que sus labios se acercaban trémulos a su boca y un pellizco se le alojó en su estómago cuando el le inquirió: – Díme cómo te gusta. Abrío los ojos y el acerico en su muñeca y la cinta métrica sobre su cuello le devolvió a su oficio como un jarro de agua fría. Su veredicto fue escueto: – Que me tire menos de la sisa, por favor.

 

 

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