¿Quién se divorcia?

Yolanda Soriano Padin · Barcelona 

La discusión comienza y finaliza con el reparto de bienes comunes. Suerte que no tienen hijos, comentamos al inicio. A medida que avanza nuestra conversación, tal es el talante del compañero, que acabo convencida que la boda fue la nuestra, que falté a la diligencia matrimonial debida, que abandoné mi compromiso ante la ley, que niego sus derechos tras tachar el riachuelo de tinta de su propuesta de inventario; y, no puedo evitar pensar que comunicada la sentencia de divorcio, la bala final la esquivará, y atravesará a los esposos que juraron alianza, que no sabrán que sus Letrados no repartieron sus bienes sino sus vidas. Llego a casa, observo a mi marido apoltronado en nuestro sofá común, y me felicito porque no es el Letrado contrario, y porque nuestra discusión comienza y finaliza con el reparto de nuestras actitudes y no con el reparto del sofá.

 

 

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