Intolerancia

Carlos Said Díaz Ismael · Bogotá (Colombia) 

Frente al despacho, un riachuelo de gente se agolpaba esperando su turno para realizar sus trámites. Me sentía exasperado por la incompetencia y poca diligencia con la cual el juez despachaba los casos. Era tanta mi desesperación que deseé sacar un revólver para descargar las balas en las sienes del negligente funcionario. Estaba perdiendo tanto la paciencia que quise acabar con todo mundo; y aclaro que mi desespero estaba además legitimado por la extraña forma en que todos los presentes nos miraban a mi pareja y a mí, como si no pudiésemos celebrar nuestra boda. Me asqueaban sus miradas acusadoras, las mismas que ahora se ciernen sobre mí en éste tribunal. Varias veces quise abofetearlos y declamarles la ley en la cual se legitimaba la unión homosexual, y decirles con todo el desprecio de mi alma: “intolerantes”. Por eso me declaro culpable. Lo hice para darles una lección.

 

 

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