Boda de Juristas

Antonio Díez Núñez · Valladolid 

Una ley no escrita en la facultad permitía a las mujeres elegir pareja en el baile de fin de curso. Me incliné por Moisés. Siempre sentimos una extraña atracción que iba más allá de lo normal. Me declaró su amor cuando salimos a correr por la vereda de un riachuelo. Los años de estudio pasaron; yo trabajaba en el bufete de mi padre, un hombre conservador de gran prestigio. Moisés lo hacía como pasante en otro bufete de la ciudad. Por terceros supe que lo hacía con suma diligencia, lo normal para un número uno de promoción estudiando por beca. Y llegó el día de nuestra boda, el más amargo de mi vida. Cuando el cura decía aquello de¡€™¡€™que hable ahora o calle para siempre…?, restalló como una bala una llorosa y conocida voz femenina:¡€™¡Incesto!?. Dijo mi madre cayendo desmayada.

 

 

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