¡Tierra trágame!

Sagrario Loinaz Huarte · Aranjuez (Madrid) 

—Es la hora ¡ándate con pies de plomo, no vayan a pillarte! —Tranquila, será coser y cantar —decía el juez Francisco a su mujer mientras guardaba unos informes en el cartapacio de piel de camello. Francisco se dirigió al garaje. Al rato, las gotas de sudor le caían por la frente. El silencio de la noche fue roto por un ruido estrepitoso y los lamentos del juez que, con una pierna rota y el brazo dislocado, yacía en el socavón de la nueva tubería del agua del jardín. Al momento, las luces de las casas de la urbanización se fueron encendiendo. En pocos segundos, niños y mayores rodearon al juez que, enredado entre una bicicleta, enormes paquetes de regalos y un muñeco que tocaba el tambor, no sabía si llorar o reír. ¡HAN VENIDO LOS REYES MAGOS! ¡YA ESTÁN AQUÍ! Gritaban los niños con entusiasmo.

 

 

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