Donde las dan las toman

Mª Teresa Ganformina Rus 

«Nadie podía detenerlo. Aquel camello gigante se paseaba por la ciudad dejando como huella un socavón tras de otro. Llevaba en su joroba una delicada y preciosa doncella inconsciente por el pánico vivido. El sudor de la impotencia se reflejaba en los rostros desencajados de los francotiradores que, desesperados, contemplaban como sus balas y las que escupían los cazas militares resultaban inútiles. Ni todo el plomo del mundo podría parar al monstruo…» De repente sonó el teléfono, cerró el cartapacio y cogió el auricular, era su abogado. Tras terminar la conversación lo abrió de nuevo para continuar: «… solo un letrado de extremada prudencia y escasa valentía lo mató, sacó de su mano una demanda y amenazándolo con presentarla en el juzgado por plagio a King Kong acabó con él. Agradecida la chica le besó y fueron felices hasta que otro abogado los separó».

 

 

 

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