Derecho de defensa

Ferrán Varela Navarro · Barcelona 

Aunque su rostro no mostró expresión alguna mientras releía el atestado policial, un observador atento se habría percatado de la finísima película de sudor que empañaba su frente. Cualquiera creería que veinte años en el Turno de Oficio y un cartapacio lleno de casos contra atracadores, camellos y violadores le habían inmunizado contra escrúpulos, pero existen crímenes ante los que el mismo diablo apartaría la vista. Las palabras “bebé”, “biberón” e “intoxicación por plomo” nunca deberían aparecer en una misma frase. -¿Lo hizo? -Sí -contestó el acusado. Su tono no reflejó el menor atisbo de arrepentimiento. El abogado cerró los puños. Veinte años de ejercicio irreprochable de la profesión se toparon con el socavón moral más grande de su carrera. El penalista luchaba contra el justiciero que llevaba dentro. La batalla duró un suspiro. -Comencemos de nuevo. ¿Lo hizo? -No. -Eso está mejor. Sigamos…

 

 

 

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