Imagen de perfilEl maestro, el alumno y viceversa

ROBERTO MORENO ANGUITA 

Aquella promoción de la academia había dado grandes alumnos, que acabaron siendo jueces principalmente. Su éxito se debía al programa de enseñanza creado por el profesor, al que le gustaba poder ayudar a los chavales, dedicándose a su trabajo durante el día, y dilapidando su éxito empresarial por las noches. La academia, con la crisis, quebró, y aquel profesor no tenía ni para comprar pan, cuando el dinero fácil llamó a su puerta, arruinando con ello la vida de otros tantos chavales y sus familias. No hay dinero fácil sin tener que enfrentarse a la justicia. El fiscal, en su informe, fue contundente con la pena solicitada. El caso quedó visto para sentencia. En un gesto compasivo, del alumno que tuvo que juzgar a su maestro, no dejó el hecho impune, aunque eso sí, rebajó la pena todo cuanto pudo en agradecimiento al hombre que le convirtió en su verdugo.

 

 

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