Turno de oficio

Belén Sáenz Montero · Madrid 

Llegué resoplando de calor a la comisaría donde se iba a producir el interrogatorio de mi “clientito” y me lo encontré vestido aún de monaguillo. Nada más verme me preguntó, sorbiéndose los mocos, si le iban a “enchironar”, y yo le contesté con sorna que iría directo al Tribunal de la Rota. No me entendió, claro. -¿Qué crimen ha cometido aquí el angelito?- pregunté al policía que me había acompañado a la sala. –Casi se carga al señor párroco del disgusto. Bueno, y a medio pueblo. Colgó un paraguas abierto, boca abajo, del gancho del incensario que hay en el techo de la iglesia y echó algunas sardinas medio pochas y unos mendrugos. En plena misa de doce lo lanzó desde el coro y puso perdidas a todas las beatas. Me parece que éste no ha entendido bien lo del milagro de los panes y los peces, letrado-.

 

 

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