TESTAMENTO

DAVID RICARDO GARCIA GOMEZ · Cartagena (Murcia) 

Carlos entra de prisa, sacude su paraguas, lo deja en un rincón, saluda a los presentes y se disculpa por la tardanza ocasionada por un encuentro imprevisto al salir del tribunal. Se sienta, pone los documentos sobre la mesa y sin mayores prólogos, lee cantidades, herederos y últimas voluntades. Isabel, la viuda desconsolada con foto y rosario en mano, Rafael, el huérfano monaguillo con una botella de vino de consagrar, y Juana, la hermana obesa con la sardina sobrante del almuerzo en su cartera, reciben en sumatoria, el veinte por ciento. Penélope, la criada confidente e indecente, y el taciturno señor Payares, fiel sirviente del difunto Martín Morales, el restante porcentaje. Las miradas van y vienen en silencio, tras el asombro, inicia el interrogatorio de los deudos, llueven las quejas, acusan los reclamos y estallan los llantos histéricos. -No me miren así, no soy su juez, fui su abogado.

 

 

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