S.O.S.

José Miguel Fernández Acarregui · Madrid 

Se que no debería llamarte ahora, pero es una situación desesperada. No quiero montar un número, sólo pedirte una ayuda que nunca te di ni te devolveré. Lo malo no son las resacas cotidianas ni todos los juramentos vanos, que tan bien conoces. Lo malo tampoco es que trate de justificarme diciendo que la tentación fue más fuerte que yo, que primero sólo era mi oficio defenderlos, que luego las drogas me dieron dinero, que luego se lo llevaron, y luego robaron ya mi voluntad. Si te llamo, es porque algún día tuve principios, tú me conociste entonces, y quiero recordar ese tiempo. Porque lo peor es perder toda esperanza. Y porque anoche, cuando ya lo había decidido todo, de repente tuve una segunda oportunidad al escuchar el click de mi pistola encasquillada. Socorro.

 

 

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