Regresión

Felipe Martín Vegas · Badajoz 

Preparo el interrogatorio de mañana al son de Mozart en Spotify, en el teclado del ordenador marco las letras y me creo Jill Crossland al piano. Mi mente vuela sin querer al pasado, a las migas con sardinas que me esperarán al final del Viacrucis, bajo un aguacero en el que no sirven ni paraguas ni chubasquero porto la cruz vestido de monaguillo y veo como las mujeres van en procesión pausadamente. Un anuncio de música caribeña me despierta y me devuelve a la realidad de hoy, hay que seguir. Tras unas horas de sueño estoy ya ante el juez. De mi garganta con regusto a ajo, pimentón y sardina y ante la perplejidad de mi abogado y de todo el tribunal, salen las palabras que me declaran culpable de dejar morir a trece chotos por inanición. Problemas de un ganadero metido a pianista.

 

 

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