Propiedad privada

Mª Azucena Álvarez García · Oviedo 

Abrió los ojos, su señoría, que hasta entonces dormitaba, abrió los ojos y la boca al mismo tiempo. Tras un interrogatorio soporífero por parte del fiscal, llegó el turno de mi defensa. Mi cliente, acusado de agresión a la autoridad durante la celebración festiva, nocturna y carnavalesca del “entierro de la Sardina”, no reconoció los cargos. Negó su presencia en el lugar de los hechos y por ende, su participación en los mismos y negó también ser el monaguillo con sayas blancas y casulla encarnada que había insultado y agredido al alcalde con un paraguas. Reconoció, no obstante, que lo odiaba y había jurado vengarse de él. Su venganza, fría, iba a ser más dolorosa que un simple paraguazo. Ante el asombro del tribunal, se reconoció autor de un delito contra la propiedad privada… Esa noche, a esa hora estaba haciéndole el amor a la mujer del alcalde…

 

 

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