¿Por qué mienten los testigos?

Beatriz García Alba · Madrid 

‘- ¡Señor – Juan – Palomo! El abogado golpeó ligeramente a su defendido que por fin se dio por aludido. – Perdón, creí que se refería a mi padre y como es duro de oído – Alegó a modo de disculpa. – Por favor quiere dejar el paraguas en el asiento –

 

 

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