Papel mojado

Ruth Fernández · Vitoria-Gasteiz 

Socorro, se oyó gritar tras la puerta del despacho. El final era previsible, con semejante número de expedientes pendientes. Al asomarse lo vieron arrastrado por la resaca de papeles que dirigía el flujo hacia el principio de la espiral, en el centro de la habitación. Otro abogado ahogado: debió haberse tomado el juramento más en serio.

 

 

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