PADRE

MONICA CRISTOBAL ALVAREZ · MADRID 

Hoy recuerda todos aquellos años en que sirvió de monaguillo a aquel sacerdote tan severo y reservado que, sin embargo, siempre tenía para él una especial dedicación y ternura fuera de los actos públicos parroquiales. En la sacristía, mientras le decía que cuidara de su madre, le daba galletas y chocolate; si le veía en las ferias le pasaba escondida una moneda para que montara en el tiovivo. En un entierro de la sardina comenzó a llover violentamente y viéndolo asustado se acercó corriendo a él y le resguardó bajo su paraguas, protegiéndole, mientras le susurraba “nunca temas a nada, y menos a la verdad”. Hoy, viéndole sometido al brutal interrogatorio del Fiscal en el Tribunal para discernir su paternidad, mira a ese anciano ya cansado, y se dice a sí mismo, mientras afuera llueve y llueve, que sea cual sea la sentencia lo seguirá llamando “Padre” toda su vida.

 

 

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