Miércoles de ceniza

Sonsoles González Romera · Plasencia (Cáceres) 

Me dirigía a la iglesia aquel lluvioso miércoles de ceniza cuando se cruzaron en mi camino las comparsas del entierro de la sardina. Odiaba ser monaguillo, pero hasta el momento había sido incapaz de enfrentarme a D. Leandro. Escondido bajo el paraguas, tomé una rápida decisión y me uní a la comitiva. Aliviado y libre, volví a casa horas después, donde me esperaban mis padres, decepcionados y el párroco, rabiosamente enfadado. Sin tiempo de defenderme me impusieron el castigo: durante un largo mes, a la salida del colegio, me iría directamente a limpiar la iglesia. «Vas a chupar escoba hasta que te salgan ampollas en las manos», me susurró el sacerdote. Hoy lo tengo aquí, frente a mí, en mi tribunal, por un pequeño incidente. Tras el interrogatorio de rigor, impondré la pena. Servicios a la comunidad. Curita, vas a chupar escoba hasta que te salgan ampollas en las manos.

 

 

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