Malabares

Alexánder López Goirigolzarri · Bilbao 

Daniel, el abogado con más talento de la ciudad, ganó su primer juicio a los doce años. Acusado de jugar con los alimentos por la implacable cuidadora del comedor, que pedía al director una pena de un mes de recreo a la sombra de alguna de las columnas del patio, Daniel expuso que, aunque la fruta no viniese con fecha de vencimiento, era evidente que aquellas mandarinas estaban más que caducadas, así que lejos de estropearlas con su espectáculo de malabares, se había limitado a aprovecharlas de algún modo, a volverlas utilizables, en definitiva, a reciclarlas… ¿Y acaso es delito reciclar, señor director? Y el director, un tipo que, bajo la seriedad de su traje, aún escondía algo de hippie con pantalones de campana, no pudo evitar sonreír y declarar inocente al chiquillo ante la indignación de la cuidadora.

 

 

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