La estatua

Blanca Gómez Sánchez · Cádiz 

Mi profesor de Derecho Penal era también abogado en ejercicio, un abogado de esos que en el tribunal y tras un interrogatorio agotador conseguía la libertad de su cliente. El día en que me juzgaban la sala de vistas estaba repleta, el agente judicial dijo «Audiencia pública», el gentío se arremolinó y se sentó en los bancos «como sardinas en lata».El abogado de la acusación propuso a su testigo; entró un señor con bombín y paraguas, elegante y bien parecido, yo jamás lo había visto. ¿A que se dedica usted?, soy empleado de banca pero los domingos hago de monaguillo. ¿Vió usted como el acusado sustraía el cáliz de oro?si, ¿donde estaba usted?, simulando ser una estatua señor.Empecé a temblar y recordé aquella escultura que a la derecha del altar, vestido con una casulla blanca, se encontraba impasible, mirándome fijamente y sin pestañear ¡quien lo iba a imaginar!.

 

 

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