Kafkiana venganza o el cepillo de San Antón

Juan Carlos Cantera · Vitoria 

Era desconcertante asistir al interrogatorio de un monaguillo … de metro ochenta. El día de autos se había vestido de tal guisa “para pasar desapercibido en la iglesia y poder llevarse el dinero que había en el cepillo de San Antón”. Viéndole, ni yo, que tenía que defenderle, me creía que pudiera “pasar desapercibido”; pero es que, además, cuando le detuvieron, llevaba un paraguas negro colgado a la espalda. “Con ese detalle llamó la atención del grupo de beatas que limpian la iglesia, en el sentido higiénico de la palabra, cada viernes por la tarde”. Lo dijeron, ratificando el contenido del atestado, los policías que le detuvieron; y lo confirmaron las beatas limpiadoras. Kafkiano … y condenado. Fuera del Tribunal, me atreví a preguntarle por qué el de San Antón. “Por su culpa, aquella sardina me atravesó una espina mientras la comía y he estado en coma dos años”. ¿Venganza?

 

 

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