Juicio Final

CESAR CAMPO RODRIGUEZ · GIJON - ASTURIAS 

¿Por qué me habéis desobedecido?, ¿por qué aceptaste la manzana?, ¿por qué compartiste la fruta prohibida?. Eva no respondió, solo bajó la cabeza deseando que el interrogatorio finalizase, en la certeza de que el Juzgador no tendría clemencia fueran cuales fueran sus respuestas, y sin siquiera la esperanza de contar con un abogado que arrimara el ascua a su sardina o les defendiera en tan ingrata situación. Con una lágrima en sus ojos fue al encuentro de Adán y le comunicó la condena, contra la que ni siquiera cabía la posibilidad de recurso ante Tribunal superior. Juntos hicieron la maleta, cogieron los abrigos, los libros y el paraguas, y un monaguillo les acompañó hasta las puertas del Edén. Ninguno de los dos miró atrás al atravesarlas, porque en el fondo de sus corazones angelados sabían que habían perdido el paraíso, pero habían ganado su libertad

 

 

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