Jaula mortal

Esperanza Temprano Posada · Madrid 

Mañana de paraguas y nervios, no todos los días sentaba en el banquillo al mayor “capo di capi” de la historia. El Tribunal al completo, la sala llena de cámaras, micrófonos y expectación, Salvatore Merlano, alias “El Sardina” esperando con media sonrisa en los labios mi interrogatorio y yo, atrapada en el ascensor. Las familias de la camorra iban tomando asiento, tras una aparatosa reverencia al Tribunal, que más que un saludo parecía la genuflexión de un monaguillo ante el sagrario. No faltaba nadie, excepto el “sotto capo” del Sardina y yo. -¡Tenía que ser precisamente hoy!- me lamenté en la oscuridad, pulsando un botón de alarma que no parecía funcionar – No se preocupe signorina, aquí esta Don Giovanni para ayudarla– susurró en mi nuca mi único compañero de cautiverio.

 

 

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