FATALIDAD MORTAL

Andrés Fornells Fayos · Estepona Málaga 

Hasta la sala del tribunal llegaba el rumor del fuerte aguacero que caía. Tanto el juez, el fiscal como los abogados dieron por terminado el juicio. El acusado, abatido, tembloroso, fue conducido por los dos policías que lo custodiaban hasta el coche celular. Ambos se preocuparon de que sus paraguas les cubrieran a ellos más que al preso. Mientras lo regresaban a la prisión, el recién juzgado repasó mentalmente el suceso que arruinó su vida. Estaban en la playa comiendo unos espetos de sardinas. Un drogata con “el mono”, confundiéndolo con otra persona, empezó a zarandear violentamente a su hijo pequeño. “Monaguillo cabrón, devuélveme la cartera que me has robado”. Era falsa esta acusación.  Él salió en defensa de su hijo. El drogata sacó un cuchillo. “Voy a matarte”, dijo. Lucharon. El cuchillo se clavó en el corazón del yonqui. Y él acababa de ser condenado por asesinato.

 

 

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