EL SEPELIO

VÍCTOR JOSÉ MENARGUES RAMÓN · Madrid 

Al principio pensé que aquello era producto de la resaca de mi despedida de soltero. Directamente desde la discoteca, ya de día, los socios del bufete habíamos acudido al sepelio del juez decano, previo juramento colectivo de mantener la compostura en el cementerio. En un corrillo, el médico de urgencias que le había atendido confirmaba: “Parada cardio-respiratoria irreversible”. En otro, alguien calificaba de “ironía del azar” el hecho de que, en 1998, ese mismo facultativo fuera condenado por el difunto juez a dos años de inhabilitación profesional. Me acerqué entonces a un fiscal y, rogándole que me acompañase hasta el nicho, todavía abierto, le susurré: —Antes he oído gritar débilmente “¡socorro!” desde ahí adentro. Escuche… Ahora… ¿Son imaginaciones mías? ¿Qué piensa usted? —Evitemos montar un número. —Imaginaciones, pues. —Catalepsia. Pienso que puede ser catalepsia. Voy a comunicárselo a aquellos jueces. Entretengan discretamente a ese médico mientras llega la policía.

 

 

 

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