EL PRIMERIZO

ANTONIO ENRIQUE ORTEGA MONTORO · JA¡N 

Un retrato envejecido de un joven rey Juan Carlos presidía la sala del Tribunal, con el mismo aire del de la enfermera que conminaba maternalmente a guardar silencio en un recuerdo médico de su infancia. De tan gastados que estaban el mobiliario y la pintura de las paredes, sus colores se desvaían como en una película antigua y un pestazo a sardina espesaba el aire, procedente de la cocina del bar adyacente al local. Nervioso por su inexperiencia, intentaba distraerse escrutando el rostro aburrido del fiscal del que temía un interrogatorio de telefilm de sobremesa, o imaginando un juez bajito y gordo, mirada de pocos amigos y paso torpe y pendular bajo la toga negra, como un paraguas con las varillas quebradas por un vendaval, seguido por algún funcionario en actitud servil cual monaguillo aplicado. Quién le mandaría entrometerse en aquel estúpido altercado en un control de alcoholemia.

 

 

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