El párroco

Isabel Torres García-Alfonso · Majadahonda (Madrid) 

Desde muy pequeña siempre quiso ser monaguillo, le encantaba esa túnica roja y la camisola de encaje blanco que se ponía por encima. Fue imposible. Todos los días iba a la parroquia y preguntaba el porqué de esa injusticia. Su hermano y sus amigos se habían engalanado alguna vez con la ansiada vestimenta que a ella se le negaba. No había forma. Ante sus preguntas el párroco se escurría como una sardina, no respondía, simplemente decía: las niñas no pueden ser monaguillos. Fue entonces, una tarde lluviosa cobijada bajo un paraguas de colores, más grande que ella, cuando decidió que cambiaría los faldones rojos por una toga negra, no era tan vistosa pero serviría para sus propósitos. Sería abogada. Y su mente infantil imaginó a ese párroco escurridizo teniendo que responder en un tribunal a su interrogatorio y por fin sabría por que ella no podía ser monaguillo.

 

 

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