El aroma de antaño

Carolina Martos Otero · Las Rozas (Madrid) 

Se sorprendió al verle formando parte del tribunal. Hacía años que le había perdido la pista, pese a que habían sido muy amigos en sus tiempos de monaguillo en la aldea. Durante el interrogatorio de las partes le observó de soslayo, pero no apreció ningún signo de reconocimiento en su rostro. Era evidente que no le recordaba. Ambos habían cambiado mucho. Al salir del edificio, le acometió un aroma a sardina fresca y extendió la mano para sentir la llovizna fina que empapaba los paraguas. Se sintió transportado de nuevo a la lonja de su infancia junto al mar, después de tantos años entre el papel añejo de expedientes y legajos y el polvo de los anaqueles. Y se preguntó si habría tomado el rumbo adecuado.

 

 

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