Cuestión de fe

Miguel Ruiz-Ocaña González · MADRID 

Nos conocimos un día de lluvia. Perseguía un autobús lleno como si fuera una lata de sardinas, cuando resbalé cayendo delante de ella. Vino hacia mí y me cubrió con su paraguas ayudándome a llegar hasta una cafetería. La invité a un refresco y al poco hablábamos como viejos conocidos. ¿Por qué te hiciste abogado?, me preguntó. Para mí el Derecho tiene su propia liturgia, le dije. El ministro hace la oración de colecta para saber qué legislar. Se lee la primera lectura en las Cortes y la segunda lectura en el Senado. Las enmiendas parecen salmos. Y una vez publicada la ley en el BOE se incorpora al Credo ciudadano. Cuando hay problemas me llaman, y vestido con toga, como un monaguillo, les defiendo ante el Tribunal… Perdona, me interrumpió, por pararte y por seguir con el interrogatorio, pero, ¿tienes fe en la Justicia?

 

 

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