Cazando a Santa

Amaia Maialen Serrano Uría · Bilbao 

Gabriel no podía dormir. Tenía los ojos muy abiertos, atento a cualquier movimiento o sonido. La trampa estaba preparada. Sobre la mesa de la sala, como cebo, una mandarina y dos manzanas. Hubiese preferido utilizar galletas, pero no las alcanzaba y tuvo que conformarse con la fruta. Como alarma, había atado un hilo con una pequeña campana, entre la puerta y la columna. Por fin, sonó el tintineo. Se levantó y corrió, para pillar in fraganti a Santa Claus. Sólo era papá, que volvía del despacho. Se había quedado trabajando en una demanda porque tenía un vencimiento próximo, le había explicado mamá. Desilusionado, volvió a la cama, sin dirigir la palabra a su padre, que parecía preocuparse más por sus clientes que por él. Su padre miró con pena a Gabriel. Se estaba perdiendo su infancia y su navidad, y aún así, sólo podía pensar en su próximo juicio.

 

 

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