Arco del triunfo

Enrique Javier de Lara Fernández · Alcalá de Henares (Madrid) 

En mi empresa, por lo del tintineo de las llaves que pasan por tus manos, al segurata encargado del detector de metales le llamaban monaguillo. En el juzgado uno se siente importante. Era como el paso previo al tribunal, que pronto juzgaría a muchos de aquellos tipos a los que, permítaseme el casticismo, les hacía pasar bajo el arco de triunfo de mi posición dominante. Cuando a alguno se le encendía la luz y sonaba el chivato acusador, le sometía a un verdadero interrogatorio. Para que se fuera preparando. Y si no es por el incidente, todo hubiera seguido igual… Pero el detector no sonó y tampoco se me ocurrió mirar dentro del paraguas. En su interior, un ama de casa rencorosa llevaba el motivo de su denuncia. Que la justicia es lenta puede debatirse, pero que el tufo a sardina putrefacta se prolonga durante semanas es constatable.

 

 

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