ABOGADO IMPERFECTO

PABLO HERNANZ HERNANZ · MADRID 

Madrugada. Estoy embrutecido por la resaca. Algo va a cumplirse. Lo presiento. Es el principio del fin. Raquel, junto a mí, en el lecho, se vuelve desnuda y me observa. Va a cumplir su juramento. Sus ojos radian un cansancio infinito. En este momento soy todo y nada para ella. La he defendido en el juicio, la sentencia ha sido favorable. Pero la he defraudado. No como abogado pero sí como persona. Soy un número más en su lista de desengaños. Adivino que su decisión está tomada. Me da un vuelco el corazón. Se marchará sin despedirse. Se sentirá abandonada. Engañada. Humillada. Sin dejar de mirarme busca en su bolso. Primero nerviosa, después con calma. Con resignación. Poco a poco saca una pistola. No deseo pedir socorro. Apunta a mis ojos. Y un trueno retumba en mi cabeza.

 

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