Imagen de perfilUna nueva vida

Juan Carlos Colás Ruiz de Azagra 

Cerró con llave la puerta de su vivienda. En una mano el asa de un maletín de cuero rancio, en la otra, como cada mañana de lunes de semanas alternas, cinco deditos se agarraban con fuerza, jugueteando con los pelos que asomaban cerca de los nudillos. De camino al cole, narraciones con aspaviento de los que un día fueron sus mejores alegatos, de la admiración de sus compañeros y del respeto de sus señorías, ganado durante años de ejemplar ejercicio. Ella escuchaba con fascinación y algo de perplejidad. Tras unos quince minutos escasos, un besito en la mejilla que sabía a gloria amarga. La despedida. Después, un largo camino, un banco apartado, mobiliario urbano, un pequeño bocadillo y el material de los sueños. Sonreía, él era un resiliente y después de aquella mala racha, podría construir una nueva vida.

 

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