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M.Salvador Muñoz 

El proyecto urbano, construir un lujoso hotel, quedó varado ante la intransigencia de la anciana a vender su vivienda.

Es mi oportunidad, el bufete me ha elegido para intentar convencerla. Investigo su vida y averiguo que es una solitaria octogenaria a la que su marido maltrataba y que, por suerte, un día abandonó. Siento lástima, pero soy una persona resiliente. Si aproveché que mi novia me dejara para salir del armario, podré capear esta empatía que me paraliza.

En mi tercera tentativa observo que, nerviosa, mira constantemente la pared del salón. Una idea se incrusta en mi mente, juego mis cartas y golpeo con los nudillos buscando una oquedad. Su respingo, su semblante, confirma mis sospechas. Le digo que la destrucción será total, el material de los edificios caerán por toneladas ocultando el pasado.

Tras rubricar el contrato, nuestras miradas firmaron para siempre un pacto de silencio.

 

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