Trituradora de papel

Juan Francisco Mármol Aroca · Vélez-Málaga 

Devoro todo lo que cae a mi alcance. Mi boca tiene una miríada de dientes de acero… devoro, destruyo y aprendo… aprendo Derecho. Infinitos papeles me son entregados en ofrenda cada día, como un sacrificio a un dios arcaico: fotocopias de demandas, autos de sobreseimiento, sentencias… hasta alguna que otra fotografía comprometida… de mis dueños o de algún cliente. De noche, cuando el despacho queda vacío y oscuro, bajo un manto de pesado silencio, es cuando maduro lo que he aprendido durante el día. Expongo mis argumentos, desentraño causas torcidas… y hablo. Pobres necios mis amos, tan encorbatados y trajeados, como si en ello fuera el saber. Conozco sus errores, me río de ellos… ¿cómo pueden ser tan burdos?… y las sentencias dictadas por esos diosecillos llamados jueces… ¡qué malas algunas!. No saben. Nadie sabe más que yo, un mecánico Stico esclavizado que sólo descansa en agosto, sin ningún reconocimiento.

 

 

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