Su ley

Federico López Ruisánchez · Santander 

Sábanas revueltas, botellas vacías… Su perfume aún invade la habitación, robándome en cada bocanada un pedazo de vida mientras pienso desesperado -¡demasiada ofrenda!…- Nadie sabe qué fue de aquella fotografía. Era la pieza clave del rompecabezas: sin ella el juez se vio sin argumentos para continuar la causa. Ella era culpable. Lo supe en cuanto la vi. Nunca me importó. ¡No hay droga más potente que la pasión desmedida! Tuve que elegir. ¡Me obligó a elegir! Una revisión rutinaria. Una cerilla escondida. No sólo era el papel lo que ardía en aquella sala de pruebas… Imagino los diarios de mañana: “Fiscal de distrito muere en extrañas circunstancias…”. Para entonces ella vivirá lejos, sin más ley que la que dicta su cuerpo. Oigo el fax del dormitorio escupir un documento… El veneno va haciendo su efecto… La notificación del sobreseimiento llega a la par que se escapa mi último aliento.

 

 

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