Purgatorio

Raquel Edelman · Montevideo (Uruguay) 

Cuando se abrieron las puertas del cielo y fue a ingresar al Paraíso, San Pedro lo detuvo; y sin brindarle ningún argumento revelador le informó:“por decreto de Dios,se ordena el sobreseimiento de su causa. Debe Ud. regresar a la Tierra” Y así se hizo. Despertó en el callejón solitario que atravesaba cada mañana camino al despacho, se palpó la sien percatándose de que no había rastros de sangre ni del orificio causado por la bala que había recibido unas horas antes. Se incorporó perplejo. Subió al automóvil y condujo rápidamente a su hogar. Llegó. Silencio. Confundido, observó su propia fotografía sobre la chimenea, con una vela encendida, a modo de ofrenda. Entonces la vio dormida, con sus rizos ocultando un rostro de felicidad. A su lado, abrazándola, reconoció a su asesino. Rápidamente comprendió que empezaba a morir en vida y que acababa de obtener su pasaporte al infierno.

 

 

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