La próxima vez

Susana Corroto Villacañas · Alcalá de Henares (Madrid) 

Dictó el sobreseimiento de la causa y el mundo se me vino encima. Contemplé cómo se levantaba y descendía con lentitud deliberada del estrado, mientras los pliegues de su larga toga se mecían, sugerentes, al compás de sus caderas. Pasó por mi lado, muy erguida, tan segura de sí misma, impregnando el aire de aquel aroma a lilas frescas. Sin mirarme siquiera. Allí permanecí, embobado, inmóvil, bloqueado y, como si de una vieja fotografía se tratase, volví a visualizarme mucho tiempo atrás, en la facultad de derecho, cuando tampoco lograba de ella ni las migajas de su mirada azul. Ahora, yo era abogado de oficio y ella, cómo no, jueza. Seguía sin tener ni un sólo argumento atractivo que pudiera despertar su interés, pero aún conservaba en el bolsillo aquel poema que le escribí un día y que pensaba entregarle, sí, quizás la próxima vez, como ofrenda de mi amor.

 

 

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