La ofrenda

María José Romero Bañolas · Las Palmas de Gran Canaria 

En la salita de espera del abogado toman asiento junto a mí, intimidándome, el divorcio, el despido y un desahucio que me obligará a regresar a mi pueblo, con la cabeza gacha. Y lo peor, una denuncia penal por un desgraciado accidente de tráfico que ha marcado el inicio de mi apocalipsis particular. La socorrida mala suerte se me antoja un argumento piadoso como causa de mis males. La fotografía de mi hijo Álvaro, apretujada en mi bolso, late con vida propia dándome fuerzas. El letrado no hace sino confirmar mi ruina ¿Son sus honorarios para lograr el sobreseimiento? Mi mente desesperada atisba como único activo la mirada de Don Aurelio, resbalando disimulada desde mi cabello hasta el escote. -¿Y no lo podríamos arreglar si le ofrezco mi casa como pisito de soltero? Mi temblorosa ofrenda choca con sus ojos incrédulos mientras, con un desconsuelo sutil, me indica la salida.

 

 

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