Juicio Final

Pedro Fernández Puig · Getxo (Vizcaya) 

Derrapó mi coche. Una intensa luz blanca cegó mis ojos. Sonaba música celestial, como en la consulta de un dentista. Había un señor vestido de blanco delante de una puerta con un arco de seguridad. No había duda, era San Pedro. Más que hablarme, me increpó: – ¡La fotografía de su vida no ha sido más que una ofrenda a la Ley!. No cuidó de su familia, de los demás, de usted mismo. Siempre un mismo argumento; el proceso, los vencimientos, las pruebas… – ¡Pido un aplazamiento! –contesté-. – ¿Por qué? –preguntó, sorprendido- – ¡No he tenido plazo para preparar el juicio! –respondí-. Pareció dudar… Por fin sonrió, y la luz se desvaneció. Derrapó mi coche. Unas intensas luces naranjas cegaron mis ojos. El sanitario dijo: – No creo que salga de esta. Yo sé que sí. He ganado tiempo. He cambiado. Dedicaré mi vida al sobreseimiento de mi causa.

 

 

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