Causa y efecto

Isabel Molina Brocal 

Conseguí el sobreseimiento. Tanto esfuerzo valió la pena, me pasé toda la noche anterior preparando el caso a fondo. Primero dibujé un círculo en medio del salón, después coloqué unas velas de los colores indicados y algo de incienso para dar un poco de ambiente. Puse en el centro la fotografía del abogado acusador y de su cliente y expuse mi argumento a la vez que les prendía fuego. Para terminar un pequeño corte en la mano me sirvió para entregar unas gotas de mi sangre como ofrenda. El juicio salió a la perfección excepto por unas pequeñas llamaradas que surgían del banquillo acusador, al parecer a causa de una extraña combustión espontánea.

 

 

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